¿Quién Sóis, Lector Amigo?

Henrique José de Souza

Profesor Henrique y su mujer Helena

La Realidad es el Misterio. Tal es la mayor altura a que puede llegar nuestra filosofía.

A mí poco me importa lo que sé; me importa, sí, lo que todavía no sé, pero aquello que ignoro para siempre es lo que más me entristece y subyuga. Nada más transcendente pudo soñar Spencer que su Eterno Incognoscible. Nada más grato para el elegido que aquello que él jamás verá, ni siquiera con los ojos del Espíritu.

Veo carne, aspiro misterio. Veo sombras, aspiro luces. Veo lo que no me interesa, pero lo que más amo es aquello que eternamente continuará oculto.

El actor y el orador ven a su público; el general, a su ejército; el maestro, a sus discípulos; el padre, a sus hijos; pero yo, a vosotros, lector amigo, para quien escribo hace mucho tiempo, y que jamás os conoceré, a menos que viniérais a mis brazos.

¿Puede haber algo más sublime que trabajar para los desconocidos y por lo Desconocido?

Surge la idea a la mente, y la pluma luego la imprime en el papel… Mas lo que el escritor no puede saber es el empleo bueno o malo que de tal esfurezo pueden hacer su lectores.

¿Será veneno o bálsamo consolador? ¿La virtud o el crimen? ¿La verdad o la mentira? ¿La maldición o el fruto dichoso?

El bien y el mal no están en nuestros actos, sino en nuestro pensamiento, por el que seremos juzgados. Mayor es la herida que produce la lengua que el puñal; más que la lengua, la pluma, cuando es dirigida por manos inexpertas…

En la actualidad, es con la pluma mojada en la negra tinta del odio, de la mentira, de la falsedad y de la venganza, que se discuten los menores asuntos de la vida.

No hablaremos de la política…

Todavía, gracias a la pluma, poseemos toda la Historia humana. Por ella nos hacemos conscientes y libres. Por ella, eternos son los pensamientos. La idea es el Verbo que toma carne a través de la pluma.

He aquí porqué siento recelo cuando escribo.

Si toda profesión es sacerdocio o comercio, según sea ejercitada por el altruismo o por el egoísmo. Pluma vendida, pluma maldita. Sus prejuicios son mayores que los de la peste o de la tuberculosis

Pero, aquel que bien escribe, o sea, que escribe sobre cosas buenas, no siempre lo hace para aquellos a quienes debería.

La mayoría nos lee de prisa, sin darle importancia; otros, no obstante, lo hacen con cariño y admiración. Algunos procuran leer nuestros trabajos más de una vez, para poder entendernos; mas también hay quien nos calumnie y macule con su lectura. Son estos los más peligrosos.

Nuestro amigo no es propiamente aquel que nos lee, mas el que medita en lo que escribimos poniendo una parte leal de nuestra alma. La lectura meditada es el diálogo mudo entre dos almas que en una se confunde: el lector y el escritor. Es un fenómeno idéntico al de los lazos espirituales que deben ser mantenidos entre el enfermo y el médico para que la cura se realice. En verdad, no son los medicamentos que curan, sino el magnetismo que se establece entre esas dos polaridades humanas, poco importan los medios… Gloria a los que saben curar de este modo, porque lo hacen dentro de las leyes que rigen los propios Universos. Así actúan los grandes Taumaturgos, con Jesús, Apolonio de Tiana y otros más adelante.

La buena lectura también produce milagros; educa el carácter y salva las almas…

Son, pues, sagrados los lazos que se forman entre el escritor y su público –una especie de paternidad transcendente contra lo que de ineficaz han producido los siglos.

Lo que hay de más sublime en el Universo es lo invisible: el átomo; el éter, vehículo de la fuerza física; el sentimiento; la idea, fuerza hiperfísica; los seres que se fueron, las cosas que ya no existen, lo ignoto, lo nonato, lo numénico, lo que las esencias animan y vivifican.

En nuestra infancia todos los garabatos son figuras; todos los ruidos, misterios; todas las cosas, símbolos incomprensibles. En la juventud lo más hondo de nuestros sentimientos está sintetizado en un ideal inexequible, creado por nuestras deliciosas fantasías. En la vejez vivimos la vida de las recordaciones, que es la vida de todo cuanto ya perdimos… Siempre, siempre lo invisible.

¿Delante del telefono, lector amigo, no habéis deseado alguna vez contemplar el rostro de esa telefonista, a quien jamás se ve, pero siempre se escucha? ¿Delante de la fama asombrosa de alguien, no deseáis conocer a quien la monopoliza? ¿Delante de lo que es prohibido, no habéis sentido más de una vez la saborosa dulzura que el poeta apuntaría como “fruto de la huerta vecina”? ¿Delante del futuro y su misterio, no sentís que cuanto más problemático es lo desconocido, más sóis  hacia él atraído?

Devoradora sed, anhelo infinito, es todo aquello que no vemos, pero lleva a fustigar continuamente nuestros deseos. ¿Existe algo, no obstante, más terrible que el peligroso aguijón de la literatura, a través de la cual todos nos ven, aunque cada uno, es lógico, a su manera?

Ideas malas, toda la mente honrada teme su publicidad, más que al disparo de un arma en un mitin… o una fiera suelta entre niños que juegan en el campo. Todos los venenos de los Borgias y Médicis representan poca cosa ante del alcaloide letal que puede verter una pena insincera. Incluso hay ideas que, aunque transcendentes, mal son lazadas, y ya repercuten de modo inverso y peligroso en el seno de los malos entendedores. Siempre la “letra que mata” en vez del “espíritu que vivifica”. Por esa razón, Jesús y otros Instructores de hombres hablaban al pueblo por medio de parábolas (de velos o Maya), y a sus discípulos, claramente o de modo revelado. 

Por todo eso y aún más, es que no hay público más temible que el formado por lectores que el escritor jamás llegará a conocer…

Quisiera, sí hablar un lenguaje en que no existiesen sinónimos atenuadores o agravadores de la ideia en su virginal y prístina integridad.

Quisiera no despertar ideas sino intuiciones claras y precisas, que en realidad son ideas de ideas quintaesenciadas.

Quisiera, finalmente, no escribir períodos enteros, desconocidos por la mayoria, y sí música, esa música o verso sin igual que a las propias epopeyas agiganta, del Mahabharata al Fausto, de la Odisea a Tristán e Isolda, del Paraíso Perdido y la Divina Comedia, de Lohengrin y las Valquirias.

Mahabharata

Y si el compositor musical fuera, dejaría aquí la pluma para hacer una balada, una romanza sin palabras, a Mendelssohn, Bach, Beethoven, Wagner, entre mi lector y yo, a guisa de aquella del “triunfo de la Muerte” de D’Annunzio, en la soledad de Iniciados como Demetrio y Jorge Auripa, el tío y el sobrino, antes que aquel transpusiera los Umbrales de lo Eterno. La “romanza”, sí, sobre el tema inevitable de ¿Quién sóis, lector amigo?  

Del livro Ocultismo y Teosofía, 3ª edición
Traducido por Javier Alberto Prendes Morejón
y revisado por Idalia Morejón Arnaiz

LA PALABRA “VOLUPIA” Y SUS DERIVADOS

(Parodiando, a nuestro modo, al Teósofo Roso de Luna)

Henrique José de Souza

“Voluptuoso”, “Voluptuosa”, en todas las lenguas herederas de la letra, pero nunca del elevado espíritu pagano, es un adjetivo equivalente a blando, flojo, afeminado, sensual, libidinoso, lascivo, etc. Se aplica, pues, a cuantos sean atraídos por los deleites carnales, extendiéndose, del mismo modo, a todos los que hacia ellos se inclinen o sean atraídos, provoque o fomente. Es, finalmente, lo obsceno, lo lúbrico, lo torpe, lo impuro. “Voluptuosidad” es, así, un substantivo feminino que señala blandura, femininidad, libidinosidad y corrupción de costumbres. Es representada en la mitología como una dividinad alegórica, sobre la figura de una mujer joven, hermosa y desnuda, coronada de flores, y ofreciendo libaciones en una taza de oro, donde bebe una serpiente. Otros la pintan tendida en un lecho de flores, de ojos ardientes y lascivos, trayendo un globo de cristal con alas, otras veces un caduceo, formando así el prototipo del mal, de la bajeza pasional y del vicio … Es de ese modo que las enciclopedias y diccionarios de los pueblos llamados “civilizados” expresan el término en cuestión. Veamos ahora el reverso de la medalla, o antes su nobilísimo y prístino significado, dando la palabra a los clásicos:

Voluptas, voluptatis”, femenino equivalente a la suprema alegría celeste o laeticia… “Dicitur tam de animo quam de corpore; tum de bona voluptate, tum de mala. Omne id, que gaudemus voluptas est ut omne quo offendimur dolor” (Cicerón, 2, c. 37). “Voluptatis verbo omnes qui Latine sciunt, duas res subjiciunt, laetitiam in animo, commotiones suavem jucunditatis in corpore” (Ib. 1,2, c. 4). “Divinus Plato escam malorum voluptatem appelat, quod ea vide licet homines caplantur, ut homo pisces” (Ib. 1; Séneca, c. 13), etc.

Venus – Sandro Botticelli

Como se ve, el contraste es flagrante; por esa razón “Voluptas”, en su prístina acepción, es personificada como una diosa casta y pura (Venus Afrodita), nacida de la unión o “hipóstasis” del alma humana con su Ego Superior o Divino, Chispa de la Llama del Logos, que anima el Cosmos. En tal sentido, el único y verdadero, equivale a la emoción inefable y transcendente; a la elevación superhumana del alma; al deleite divino, epoptéia, éxtasis, amor suprasensible y místico, compenetración íntima con la Divinidad (o la Teofanía entre los neoplatónicos), que pulsa en todos nosotros, como diría Schopenhauer, o la pose del lugar en el Festín de los Dioses; el estado de transfiguración de Jesús en el Tabor, cuando “sus vestiduras se hicieron como la transparencia de la nieve, y su faz brillava como el Sol”; estado, a su vez, presentido por Santa Teresa en sus Moradas, idéntico al de otros muchos místicos de diferentes religiones, y del cual Plotino disfrutó apenas seis veces en su vida, pero que el gran místico Ramakrishna vivía casi permanentemente, y al cual, en verdad, se puede dar el nombre de Samadhi, según las mismas escrituras orientales, comparable en vida al de Nirvana después de la muerte.

¡Venus, Venusia, Venezia o Veneza, Voluspa o Volupia! ¡El “vuelo nupcial de la abeja humana”, en busca de lo Divino! Valisneria de alas, también, que abandonando las aguas tamásicas de la Tierra, se transforma en Deva o Ángel, para conducir el rajásico Velo de la novia, con el cual se va a unir al sáttvico (Tabernáculo superior donde se encuentra el Supremo Arquitecto)[1].

Vanitas, Vanitatis o Vanitatem, a su vez, es dado a los nobles e insignes, principalmente si de brazos dados con el verdadero Orgullo, cruzan el divino Portal de los Inmortales, dando ingreso en los reinos gloriosos de AGHARTA. Sí, porque los dos hermanos gemelos caóticos, que se llaman orgullo y vanidad (terrenos) no permiten otra unión que no sea la de la carne. Por eso traen consigo el velo o crepe, tejido por manos de arpías, en las sombrías cavernas del Orco.

Todo eso es de una gran transcendencia, pues representa un argumento aplastante contra las calumnias de cierta religión, que no es la mejor ni la más antigua, ni poseedora de mayor número de fieles, y cuando critica a las demás encuentra ocasión para decir que “las huris alcoránicas, las valquirias nórdicas, las diosas de los panteones védico o jaino, etc., no son más que un prolongamiento de los placeres voluptuosos de la Carne pecadora en esta Tierra”. Esta afirmativa tan falsa como injusta, se desmorona –como si fuera un “castillo de naipes”– pues, de acuerdo con la propia ciencia, la tradición, la mitologia y la etimologia, tal “voluptuosidad” no debe ser tomada en su sentido carnal, sino en su purísimo y estático, como señala, por ejemplo, a su Cielo el Catolicismo, que lo completa con las “11.000 vírgenes”, que en nada difieren, así, de las que fueron anteriormente apuntadas.

Finalmente, todo cuanto queda desarollado en este capítulo, no deja de corroborar la advertencia ocultista de la autora de la Doutrina Secreta (Tomo III, p. 389 y 410) de que “conforme sea interpretado el simbolismo de “Psique y Eros”, o del “Caballero andante y su Dama” (muy bien ridiculizado por Cervantes en su D. Quijote) en el muerto sentido de la “simple unión carnal”, o en el transcendente ya antes comprobado, se caerá fatalmente en la Magia Negra o Blanca, o sea, en el Camino siniestro de las “almas gemelas”, o en el de la Derecha, de las “hipóstasis divinas”…

Sí, porque la interpretación del misterio de la “divina pareja primitiva”, que se repite en al comienzo de todos los ciclos raciales, a través de la opción de la Semilla manúsica, no es para cualquier mentalidad, so pena de, como sucedió a Anatole France y otros escritores y poetas que lo tomaron en su sentido puramente sexual, convertirse de hecho en obra de Magia Negra, pues, además, sirve de ejemplo o repercusión grosera en mentalidades débiles o de “impúberes psíquicos”.

No fue otra razón que la propia Rosacruz alemana condenó el gesto de su insigne miembro, el famoso compositor Wolfgang Amadeus Mozart, por haber musicado el Don Juan de Molière, o “dado vida y forma al personaje libertino”, que se presenta en todas las épocas y en todos los lugares, destructor de hogares, y provocador de crímenes. “¡Espectro humano del propio Demonio!”  

Y así, desde el momento en que aquel “Hombre de capa negra” le encomendó el “requiem”, fue tomado por la idea obsesiva de “que su muerte estaba próxima”. ¡Comprendió entonces que D. Juan es amor ilícito, venal, criminal y trágico!…

Entre otros Hombres de cultura y valentía, verdaderos Jinas y Kshattryas, sobresale el vate lusitano Guerra de Junqueiro, escalpelando en regla el “D. Juan de Fancaria”, sea de Molière, Byron, Rebelais o Paul de Kock. Que otros aparezcan de lanza en ristre para continuar el combate contra los que aún perduran…

¡De hecho, el único y verdadero Amor es el de la mística “Volupia”, o de la unión con la propia Consciencia, Pedazo de Dios, Fragmento del Universo!

¡Amor, Roma, Mora, Mors o Muerte!

Del libro Ocultismo y Teosofía, 3ª edición
Traducido por Javier Alberto Prendes Morejón
y revisado por Idalia Morejón Arnaiz


[1] Sattva, Rajas y Tamas, según las escrituras orientales, son las Tres Gunas, o calidades de la materia. Sattva es el ritmo, el equilibrio; Rajas, la actividad, la energía, la fuerza centrífuga; Tamas, la inercia, la obscuridad, la fuerza centrípeta – en la misma razón de las Tres Normas (o Parcas) mitológicas: Clotos, Laquesis y Átropos. La primera hilaba, la segunda mantenía la rueca, y la tercera cortaba el hilo.
Las religiones, si tales cosas supiesen luego les acudiría: Cielo, Purgatorio e Infierno. Según nuestra propia teoría, Sattva, Rajas y Tamas son los tres AKASHAS: Superior, Medio e Inferior, que hacen recordar el sentido cabalístico del “Quod superius, sicut quod inferius”. En ese caso, la materia que separa al mundo divino del terreno es la del Akasha medio, o el Rajas de la teoría oriental de las tres Gunas y así por delante. 

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