Gurdjieff. Antecedentes.

Primera conferencia del volumen Gurdjieff. A very great enigma, de J. G. Bennett. Samuel Weiser. New York, 1974. 1ra ed. 1963.

Traducción de Omar Pérez López

   Gurdjieff fue un grandísimo enigma en más de un aspecto. El primero y más obvio es el hecho de que no hay dos personas que lo hayan conocido que estén de acuerdo en quién y qué era él. Si uno observa los diversos libros que han sido escritos acerca de Gurdjieff y si uno observa sus propios escritos, hallará que no hay dos imágenes iguales. Todos los que lo conocieron, al leer lo que otros han escrito acerca de él, sienten que aquellos no están en lo cierto. Cada uno de nosotros cree haber notado algo que los otros no vieron. Esto es cierto, sin dudas. Corresponde al peculiar hábito que tenía de mostrar una apariencia distinta de lo que realmente era. Esto era muy desconcertante, y comenzó desde el momento en que empezó a ser conocido en Europa.

   Otro enigma conectado con Gurdjieff, concierne a las fuentes de sus enseñanzas y métodos. Nunca revelaba abiertamente dónde había aprendido. Cualquier persona que se tome el trabajo de examinar sus enseñanzas y métodos puede referir casi cualquiera de sus fragmentos a alguna tradición conocida. Podemos decir que este tema proviene de la tradición ortodoxa griega, aquel tema proviene de una tradición asiria o babilonia, otro era claramente musulmán y conectado con el sufismo en incluso con esta o aquella secta sufí en particular. De otros temas puede decirse que deben provenir de alguna rama del budismo. Asimismo, hay indicaciones de que tomó mucho de lo que se llama la tradición ocultista occidental, la tradición platónica y rosacruz. Pero cuando uno examina con mayor atención, hallamos que hay algo que no puede ser asignado a ninguna de las tradiciones conocidas. Hay algunos rasgos muy importantes de los cuales no puede hallarse huella en la literatura. Diré más acerca de esto en la siguiente conferencia.

   Si Gurdjieff no fuera más que un sincretista, un reformador que agrupó fragmentos de varias tradiciones conocidas o incluso tradiciones secretas que se las arregló para develar en el curso de su investigación, entonces ocuparía un lugar determinado. Si, por otra parte, hay algo del todo original, que no puede ser retrotraído a ninguna tradición anterior, conocida o secreta, entonces ocupa un lugar muy distinto. He aquí el segundo enigma de Gurdjieff, cuál de estos dos lugares ocupa? ¿Fue acaso solo un hombre perspicaz que pudo viajar e investigar con amplitud, descubrir muchas cosas, leer extensamente, tener acceso a fuentes en muchas lenguas diferentes, y que fue capaz de construir algo con todo el material así recopilado? ¿O, fue un hombre que, además de todo eso -pues ciertamente hizo todo eso – tuvo una visión directa que era peculiarmente propia y que era, al mismo tiempo, valiosa e imposible de rastrear hasta alguna fuente conocida? Eso haría de él un hombre de especial importancia, pues los verdaderos innovadores son muy raros en la historia de las ideas espirituales.

   Hay un tercer enigma acerca del cual voy a tratar específicamente esta noche porque me conmocionó cuando visité, hace algunas semanas, los escenarios de los años tempranos de Gurdjieff, y es el de explicar cómo un hombre semejante pudo haber venido de un entorno semejante. Vi, jugando en la villa de Kars, en lo que solía ser el barrio griego, a grupos de niños que corrían tras de nosotros queriendo ser fotografiados o pidiendo bakshish: cualquiera de ellos pudo haber sido un joven Gurdjieff. Pero a lo más que cualquiera de esos muchachos puede aspirar es probablemente a convertirse en chofer, o posiblemente a entrar en la policía -que es también una profesión codiciada.

   La región entre el Cáucaso y el Kurdistán es una parte muy extraña del planeta, y debo empezar por hablarles un poco de su geografía e historia. Hice confeccionar este mapa, y es una combinación de mapas de esta parte del planeta con la cual probablemente ustedes no están familiarizados, ya que los mapas habituales muestran a Turquía en Asia, y a Rusia e Irán como unidades separadas. En realidad, esta región es una unidad geográfica coherente y bien definida. (Ver, al final de este capítulo, el mapa del cercano oriente). Está bien definida porque está dominada por las grandes montañas del Cáucaso y el Kurdistán, con el Monte Ararat aquí, la montaña más elevada una vez que se deja atrás el macizo central asiático hasta llegar al Mediterráneo. El Ararat es más alto que cualquiera de los montes alpinos. Estas grandes áreas montañosas cubren una superficie mayor que los Alpes. La mayor parte del área en este mapa tiene una altura superior a los 3000 pies sobre el nivel del mar, y las montañas más altas llegan a los 15 000 pies y más. Hay una gran barrera natural que separa a Europa de Asia. Corre desde los Urales en el norte, a través del Mar Caspio, hasta los grandes macizos del Cáucaso y el Kurdistán que se muestran en el mapa. Esta barrera ha obstaculizado las migraciones de poblaciones hacia oriente y occidente, excepto a través de unos pocos pasajes estrechos. El más importante de estos pasajes corre hacia el noroeste desde Tabriz a Kars y luego casi recto hacia el oeste a través de Erzerum, donde se une al valle del río Eufrates. Al este de Erzerum hay una cuenca a una altura de unos 7000 pies sobre el nivel del mar; pero el pasaje puede ser atravesado con facilidad en el verano.

      Desde tiempos inmemoriales, y con ello quiero decir unos buenos 10 000 años, la gente ha pasado por esa ruta. Al concluir la Era del Hielo, cuando las gentes empezaron a viajar al sur y ocupar estas regiones, ésta fue una de las grandes rutas migratorias. Ola tras ola de invasiones han penetrado por esta vía: partos, karduks y armenios, tártaros, mongoles y turcos. Gengis Khan y Tamerlán, así como otros famosos conquistadores, siguieron esta ruta. Los seléucidas y los turcos otomanos, entre los siglos X y XV, establecieron el islam en Asia Menor siguiendo la ruta del Cáucaso. Cada una de las olas invasoras fue resistida, y uno de los enclaves defensivos naturales contra los invasores fue una fortaleza natural que durante muchos siglos ha sido conocida como la Fortaleza de Kars. Cuando uno se para sobre la fortaleza de Kars, erigida sobre una roca que domina el estrecho valle, ve montañas en todas direcciones, cubiertas de nieve durante todo el año. Kars ha sido sitiada, defendida y tomada una y otra vez. En algún momento, no fue la propia Kars sino la vecina ciudad de Ani, que fue la capital del reino armenio bagratiano de los siglos VIII y X. Esta región ha sido el lugar donde las invasiones han sido derrotadas, rechazadas y donde han proseguido y, finalmente, penetrado. El propio Tamerlán intentó infructuosamente penetrar a través de esta brecha en dos ocasiones, y solo lo logró cuando trajo un segundo ejército, la primera vez que tuvo que hacerlo en todas sus conquistas.

   No todos los movimientos llegaron desde el oriente. Hubo también invasiones desde Europa y Asia Menor: griegos, romanos y turcos otomanos e invasiones desde el norte: eslavos y caucásicos. En el siglo XIX, continuaron estas olas de invasiones en ambas direcciones, esta vez entre el imperio ruso y el turco, en 1809, 1814, 1855 y, una vez más, en 1877, hubo guerras entre Rusia y Turquía, y siempre el centro de la lucha tuvo lugar por aquí. La frontera entre ambos países siempre se ha movido un poco al este o al oeste de este punto.

   Dado que está próxima a una frontera, Kars nunca ha sido considerada un sitio seguro. Ha sido construida y destruida, reconstruida y vuelta a destruir una y otra vez. La propia villa -como todas las villas de la zona- está llena de montones de escombros. Estoy seguro de que todo esto ha tenido un poderoso efecto en la psiquis de la gente de esta parte del planeta. Han vivido por siglos, sino por miles de años, en un estado de tensión, sin saber nunca cuándo podía llegar un ataque desde el este o desde el oeste. Y, sin dudas, el propio Gurdjieff estuvo sometido a esta tensión. Una de las peores experiencias de la ciudad de Kars fue en octubre de 1877, cuando fue tomada por los rusos y tuvo lugar una terrible destrucción. He observado la historia tanto desde el punto de vista de los rusos como el de los turcos. Según los turcos, se trató simplemente de una masacre salvaje por parte de los rusos que hubo de durar tres días. La historia rusa dice que los turcos resistieron de manera muy estúpida y que los núcleos de resistencia fueron gradualmente eliminados, pero probablemente ambas narraciones se refieren al mismo hecho.

   Antes de 1877, Kars era una villa de consideración. Tenía más de 20 000 habitantes y las tierras en derredor eran relativamente ricas. No tan ricas como la zona que desciende hacia Tabriz, pero fértil de todos modos. Kars fue tomada por asalto por los rusos en 1877, y al año siguiente cuando los rusos tuvieron que renunciar a los territorios que habían tomado aquí en los Balcanes, se les permitió conservar Batoum, Kars y Ardahan. En ese momento, cerca del 80 por ciento de la población era turca. Tras la conquista rusa hubo un gran éxodo y cerca de 80 000 turcos emigraron al oeste en los siguientes dos o tres años, y los propios rusos trajeron población no turca de todos los alrededores de esta parte del planeta. Trajeron griegos que, por su parte, querían abandonar Turquía. Se trajeron armenios de la región del sur del Caspio. De Irak se trajeron asirios -aisors, como allí se les llama. Se persuadió a un número considerable de yezidis a emigrar al norte y establecerse en la región. Llegaron de Rusia sectas heterodoxas, tales como molokhans y dukhobors, e incluso luteranos estonios. De modo que, entre 1877 y principios de los 1880’s, hubo una extraordinaria mezcla por esos lares. Decenas de miles de familias fueron desplazadas de un lado a otro en contra de su voluntad.

   Deben comprender que todos estos movimientos formaban parte de la política de estos gobiernos. Nadie sabía qué hacer con las poblaciones desafectas. Los rusos no sabían qué hacer con la enorme población musulmana que era hostil a su dominación; los turcos no sabían qué hacer con su enorme población cristiana, que era igualmente hostil a ellos.

   Estas fueron las condiciones de la infancia de Gurdjieff. Hasta donde puedo discernir de varias fuentes, de lo que él mismo y su familia han dicho, sí parece probable que naciera en 1872, en Alexandropol, y que su padre se desplazara a Kars poco después de ser tomada por los rusos, es decir, alrededor de 1878, cuando él tenía más o menos seis años.

   No sé si pueden imaginar el estado de tensión y zozobra provocado por este tipo de situación. Yo mismo estuve en Grecia en 1925, cuando ocurrió el gran intercambio de poblaciones. Un millón y medio de griegos fueron sacados de Asia Menor y arrojados en la Grecia Ática, y 400 000 turcos fueron sacados de Macedonia y Tracia y arrojados en Asia Menor. Era desgarrador ver a estos desdichados a quienes se enviaba a un país con condiciones geográficas distintas, modos de vida diferentes a los suyos, con el resentimiento de la población local obligada a recibirles, la dificultad de obtener tierra para establecerse. Espero que algunos de ustedes hayan visto las aún más perturbadores migraciones de los árabes en el Jordán. Puede que hayan visitado, como lo he hecho, los campos de refugiados allí, o que hayan visto lo que ocurrió en Damasco a los infortunados curdos y tártaros y otros que fueron hasta allí desplazados desde la costa del Mar Negro. Solo si lo han visto con sus propios ojos pueden tener una imagen de cuánta zozobra hay en estos desplazamientos forzosos de poblaciones que no comprenden por qué son desplazadas o adónde van a ir a parar.

   Tales cosas sucedían en el Cáucaso cuando Gurdjieff era un muchacho. Era solo un niño cuando ocurrió la peor parte, y para cuando tenía seis o siete años, no hay dudas de que las cosas estaban empezando a aquietarse. Cuando su padre se mudó a Kars, que había sido reconstruida tras la aterradora carnicería de octubre de 1877, ya había algo de esperanza de paz y tranquilidad.

   Había otras penurias que soportar debidas a las severas condiciones climáticas. El invierno es sumamente crudo; llega a descender a 30-40 grados bajo cero y el frío dura varios meses, por lo cual nieva continuamente. Hay un deshielo repentino a inicios de la primavera, y de seis semanas a dos meses de fango -lo cual puedo certificar, habiendo estado allí hace dos meses, apenas podía pensarse en otra cosa que no fuera fango por doquier. Luego llega un verano seco que transforma el fango en polvo; y tienen cuatro o cinco meses de calor intenso. Estas no son condiciones cómodas de existencia, en especial para gente que no tiene viviendas satisfactorias. En todo momento, hasta donde puedo suponer, la población más pobre de Kars y de otras villas contiguas, ha vivido de manera más bien miserable en cabañas de barro, a veces bajo el nivel del suelo, huecos en la tierra con tejados por encima e incluso un sendero que pasa por el techo. De modo que, a veces, vas caminando sin saber que pasas por encima del techo de alguien, hasta que lo ves salir por debajo de ti.

   Estas son las condiciones hoy en día. No quiero pensar en cómo serían hace 80 o 90 años. Deben haber sido muy severas. En su propio libro, Encuentros con hombres notables, Gurdjieff, según recuerdo, no transmite lo arduo de estas condiciones al escribir sobre su padre y su primer tutor. Esto probablemente se debe a que él mismo estaba tan endurecido por tantas dificultades que no le pareció algo especial que relatar. Sin embargo, creo que deben tener en mente esta imagen de la severidad de las condiciones de vida, en conjunto con la presión de la guerra y la migración de poblaciones, para ser capaces de imaginar cuán extraño es que, de todo ello, surgiera un hombre capaz de dejar su huella en el mundo por sus poderes tanto intelectuales como psíquicos, que impresionaran a esos cientos de personas, no necesariamente estúpidas, que estuvieron en contacto con él.

Deben, sin embargo, observar otro lado del asunto. Que esta parte del planeta, junto con la severidad de las condiciones físicas y sicológicas, también dotada generosamente con material tradicional. La población, cuando Gurdjieff era un niño, era, tal como dije, predominantemente musulmana y él aprendió a hablar turco desde la niñez. Hablaba turco, cuando lo encontré la primera vez, mejor, pienso, de lo que hablaba el ruso. Ahora bien, los turcos, especialmente en la ciudadela que está al este, son muy devotos de el lado místico del islam, el sufismo. Ha habido siempre muchas comunidades de derviches en este punto del planeta. No hay dudas de que Gurdjieff estuvo influenciado por el misticismo islámico, pero se encontraba, al mismo tiempo, en una región de fuerte espiritualidad cristiana griega y rusa. Tercero, él mismo era mitad armenio pues su madre era armenia. Esa parte es, en realidad, más armenia que otra cosa. Los armenios empiezan a preponderar tan pronto uno atraviesa el valle donde se encuentra la Armenia actual. Los armenios tienen tradiciones bastante independientes tanto de los cristianos occidentales como de los ortodoxos griegos o rusos. Existe la muy antigua tradición armenia cuya ciudad sagrada es Nakhichevan. Esta tradición armenia está mezclada con otras, y más antiguas, tradiciones pre-cristianas. No solo eso, están los asirios, los descendientes de los caldeos, o aisors como son llamados allí. Aún existen varias comunidades que han preservado huellas de los antiguos misterios babilonios, zoroastrianos y mitraicos. Los yezidis son una rama especial, con la cual Gurdjieff entró en contacto, con su propia forma de la creencia babilonia en el conflicto de dos poderes en el mundo – los poderes del bien y el mal, que es la base de la tradición zoroastriana.

   Existían entonces, y existen aún hoy, no solo estas sectas relativamente bien conocidas sino también muchas que no lo son. Me pregunto si hay algún otro sitio en el mundo donde sea posible, como en esta parte del Cáucaso, mostrar semejante variedad de influencias con las cuales un joven tocado por la sed de espiritualidad podía entrar en contacto. Está cerca de Irán, donde había entonces, y ciertamente permanece aún hoy, una fuerte tradición sufí. Está cerca de Armenia, cerca también de las muy diferentes tradiciones de los sufíes turcos. De cierta manera, por lo tanto, puede decirse que junto a todas las circunstancias que podían dificultar la existencia, había también, para cualquiera que tuviera esa inclinación, un acervo muy rico de creencias y prácticas tradicionales en el mismo entorno en el cual naciera Gurdjieff. Él da algunas indicaciones de todo ello en sus propios escritos, en los Encuentros con hombres notables que probablemente la mayoría de ustedes han leído.

¿Pero entre estas dos cosas, en las muy difíciles condiciones de vida para un muchacho greco-armenio pobre, del barrio griego de Kars, que apenas podía asistir a la recién construida escuela rusa de la ciudad, cómo podía surgir algún entendimiento que las reconciliase? ¿Cómo podía él tener una oportunidad? Uno de los muchos sucesos extraños en la historia de Gurdjieff es que empezó a tener contactos que no podían adscribirse ni a sus propios antecedentes personales, su parentela, su conexión con griegos y armenios, ni con el tipo de influencias que lo habrían rodeado en el barrio griego; había también, como dije, descendientes de asirios y molokans, entre otros, pero ninguno de ellos -lo sé por haberlo visto en otras partes del mundo- tenía nada que ofrecer que pudiera cambiar a Gurdjieff del modo en que cambió. Estuvo en contacto, cuando apenas era un muchacho, con la comunidad rusa, y gracias a una extraordinaria buena fortuna, con la comunidad rusa en torno a la iglesia ortodoxa en Kars, establecida inmediatamente después de la conquista por parte del ejército de ocupación. La mayoría de ustedes lo han leído y sería una pérdida de tiempo que repitiera la historia de su contacto con el decano Borsh de la Catedral Militar y con otros sacerdotes de dicha catedral, y de cómo pudo desarrollar algún contacto con la cultura occidental de su tiempo.

   Ahora bien, lo interesante es que esto, que habría satisfecho las ambiciones de cualquier joven, por decidido que estuviera a desenvolverse en el mundo, no correspondía, según el propio Gurdjieff, a sus ambiciones. Él quería volverse totalmente occidental. Esto es muy comprensible y cualquiera de nosotros que haya estado en países asiáticos, sabe de esta extraña locura por volverse “técnico”, por convertir a los jóvenes en ingenieros o científicos, cuando poseen talentos de un orden bien diferente. Gurdjieff fue atrapado por esa misma obsesión, y quiso hacerse ingeniero o técnico; pero con eso y todo cayó bajo el influjo de las tradiciones y estas no lo dejarían en paz.

   Podemos representarnos a Gurdjieff como un muchacho sometido a varios elementos. Primero, estaban las severas condiciones de su entorno material y humano; segundo, el contacto que tuvo con la cultura occidental a través de la guarnición rusa de Kars; y tercero, el contacto con las tradiciones más antiguas que estaban, como él mismo dijera, en conflicto con las tendencias occidentalizantes de los rusos con los cuales estaba en contacto.

   No hay dudas de que al estar sometido a tales influencias contrastantes y antagónicas en apariencia, pudo llegar a una comprensión de que existía un grave problema; a saber, dar razón de todas las contradictorias interpretaciones del significado de la existencia humana. Fue testigo del conflicto entre las tradiciones cristianas e islámicas. Estuvo sometido también al conflicto entre el tipo de dualismo inherente a las tradiciones de los asirios y los yezidis, y las tradiciones unitarias comunes a cristianos, musulmanes y judíos. Vio, desde su temprana juventud, un conflicto, sumamente significativo, entre las creencias monoteístas y diteístas; es decir, entre aquellos que, como los judíos, cristianos y musulmanes, creían en un Dios, Supremo Rector del Mundo, y aquellos que, como los dualistas zoroastrianos, creían en dos poderes iguales y opuestos. Se encontraba también entre Oriente y Occidente, en el punto de encuentro de Europa y Asia. Pudo ver también que, a pesar de sus visiones y creencias divergentes, los hombres eran todos iguales. Vio a hombres espirituales y materialistas, aquellos que buscaban la realidad dentro de sí mismos y aquellos que solo confiaban en lo que pudieran ver y aferrar. ¿Quiénes tenían la razón y hacia dónde se dirigían todos ellos? Tales preguntas eran reales y acuciantes y penetraron la vida de Gurdjieff desde muy temprano en su juventud.

   ¿Había en él algo capaz de ver más allá de lo que todos a su alrededor veían? Escribió acerca de su convicción interior de que debe haber un sentido en todo ello; algún sentido que incluyera las creencias peculiares, incluso supersticiosas del antiguo entorno, sin negar los poderes sorprendentes y extraordinarios que ciertas personas de esa parte del planeta sin dudas poseían; dando total importancia a la otra parte, a la creciente dominación del mundo por la inventiva y perspicacia del hombre, consideradas en aquel entonces como la prerrogativa de la Europa Occidental.

   Pienso que no es posible dudar que había algo muy inusual en aquel muchacho. Él mismo era un carácter dividido. Es evidente, por todas las referencias que brinda de su propia niñez y también por las huellas que quedan en años posteriores de su vida, que había en su carácter mucho de eso que debemos considerar como demasiado humano. Era sensual, amante de la comida, las mujeres, la belleza, impaciente, sujeto a accesos de rabia y pasión. Por lo tanto, estaba listo, con tal de satisfacer su ansia de conocimiento, a ser bastante inescrupuloso en su manera de obtenerlo. Por otra parte, nunca estuvo realmente interesado en las posesiones o la fama. Indudablemente, en más de una ocasión, se metió en problemas durante su temprana juventud, intentando obtener un conocimiento que no se le había facilitado o antes de que le fuera facilitado.

   Junto a tales defectos de carácter, tenía también una intensa compasión por los sufrimientos de la humanidad, tanto más fuerte cuanto que pronto se dio cuenta de que estos sufrimientos se deben a nuestra propia naturaleza. Hasta donde puedo colegir, no había alcanzado aún los treinta años cuando llegó a la conclusión de que la principal causa del sufrimiento humano reside en aquellos defectos que las personas no toman suficientemente en cuenta. Estos son, en especial, nuestra propia credulidad y sugestionabilidad, a las cuales estamos sujetos debido a nuestro egotismo y vanidad. Se dio cuenta de que somos esclavos de fuerzas harto estúpidas y triviales que actúan sobre nosotros de modo que no podemos hacer lo que deseamos y nos encontramos haciendo cosas que van en contra de todo aquello que consideramos correcto y necesario para el ser humano. Gurdjieff vio con profundidad el significado de esta extraña y lamentable condición humana. Vio a la humanidad no tanto como mala, dañina o peligrosa, sino indefensa. Esto lo llevó a sentir una gran necesidad de hallar un modo de ayudar a la gente a liberarse de esta indefensión.

   Ciertamente, también tenía poderes; lo que comúnmente se llama “poderes psíquicos”. Estos deben haber evolucionado en él a partir de las inusuales potencialidades que heredó y con las cuales nació. Aprendió a desarrollar estos poderes psíquicos al ponerse en contacto con las enseñanzas tradicionales que, en esa parte del planeta, poseen un extenso conocimiento práctico de los modos en que un ser humano puede desarrollar los poderes psíquicos latentes. La posesión de semejantes poderes es una tentación terrible, y Gurdjieff vio que estos eran para él tanto una necesidad como un peligro. Uno de los rasgos conmovedores de toda su vida fue lo que hizo para protegerse a sí mismo, y a los otros, de su propio e inusual poder para influir sobre los demás.

   Era conmovedor porque implicaba una lucha encarnizada con su propia naturaleza. Debe haberse sentido muy tentado de usar estos poderes para la consecución de sus propios fines y, sin embargo, estaba pronto a sacrificarlos de manera inmisericorde antes que convertirse en su esclavo. Al hacerlo, hizo imposible para sí mismo el llevar a cabo ciertas tareas que se había propuesto realizar. Eso hace que su vida sea muy difícil de comprender, porque a veces parecía estar a punto de conseguir algo muy importante y extraordinario, y entonces sucedía algo que cambiaba por completo la dirección de su vida. Esto es bastante común en personas a las cuales les sucede debido a su propia debilidad, por ejemplo, cuando súbitamente dejan de estar a la altura de un momento decisivo y carecen de coraje o persistencia. No era por tales razones que Gurdjieff fracasaba; era debido a una cierta y peculiar quisquillosidad que resultaba difícil de comprender para aquellos que solo lo veían desde afuera. Poseía una cierta quisquillosidad respecto al uso de métodos implacables. Y eso hacía muy difícil comprenderle pues, en ocasiones, actuaba de manera tan implacable que podía atemorizar a quienes estaban a su alrededor. Cuando actuaba de otra manera, no se debía al miedo o a la indecisión, sino al darse cuenta de que dar un paso más lo haría involucrarse en consecuencias que podrían darle beneficios inmediatos pero que, a la larga, perjudicarían el fin, más elevado, que se había propuesto alcanzar.

   Todo ello hace difícil comprender su vida y tendré que hablarles con detenimiento acerca de los métodos que él usaba para protegerse a sí mismo y a los demás de los poderes que poseía y era capaz de ejercer. Pero esta noche lo fundamental es hablarles acerca de sus antecedentes, su entorno temprano. Hasta ahora, he hablado solo acerca del entorno inmediato de su infancia, es decir, la villa de Kars y los territorios a su alrededor.

   Para cuando tenía catorce o quince años, ya comenzaba a viajar. Al no encontrar respuesta a sus preguntas en lo inmediato de su propia sociedad, ni siquiera entre aquellos rusos educados del ejército de ocupación de Kars, empezó a buscar cada vez más lejos de casa. Ciertamente estuvo tanto en Nakhichevan como en Tabriz. Tabriz está muy cerca de la frontera de Persia y es, en buena medida, una ciudad turca. La gente habla turco y pertenecen más a la raza turca que a la persa. En Tabriz y en las montañas que la rodean, ha habido una larga y persistente tradición – que probablemente se remonta a 3 o 4000 años – y para aquellos que tienen la buena fortuna de ponerse en contacto con ella, hay aún mucho que encontrar por esas partes. Gurdjieff ha dejado indicaciones claras de que encontró algo de importancia en el noroeste de Persia.

   Gurdjieff también estaba fascinado por sus ancestros maternos: es decir, los armenios. Durante un período de la historia humana los armenios propagaron una luz particular, una cierta cultura, entre los siglos VIII y XIX, ese período tan difícil para la casi totalidad del mundo. Estaban los reyes bagrátidas de Ani. Ciertamente, los armenios no alcanzaron esta posición de poder sin un largo período preparatorio que se remonta a antes del surgimiento del islam y Gurdjieff estaba interesado en la transición, en esos lugares, de la época cristiana al surgimiento del islam, dado que mucho quedó destruido en ese momento y aquello que era más importante tuvo que ocultarse y permanecer así en sociedades secretas. Gurdjieff, sospechando que estas aun existían, se empeñó en encontrar sus huellas. Verán referencias a este particular en el capítulo “Pogossian” de sus Encuentros con hombres notables. Esto lo condujo en un viaje a través del Kurdistán, alrededor del lago Van, hasta Mosul, junto al Tigris.

   He visitado Mosul en un par de ocasiones. Es una ciudad donde uno tiene la impresión de que existe algo muy antiguo, algo que ha estado sucediendo durante largo tiempo; pienso que comenzó mucho antes del surgimiento del islam, incluso antes del cristianismo. En las cercanías se encuentran Nínive y Nimrod, sedes del poderío asirio; pero, de alguna manera, no se trata exactamente de eso. Tengo la impresión de que algo se retiró hacia esa parte del planeta tras la caída de Babilonia. Gurdjieff andaba en busca de ese conocimiento que, tal vez, pertenecía a los caldeos.

   Debo ahora saltar hacia otra de sus tempranas influencias; es decir, la tradición ortodoxa griega. La propia familia de su padre venía de los griegos bizantinos. Cuando los turcos otomanos conquistaron Constantinopla en 1453, preservaron toda la estructura del imperio bizantino, apropiándose de, y adaptando a sus propias necesidades, todo aquello que fuera indispensable para que todo se mantuviera funcionando. Arduo les resultó ganarse la confianza de la población griega, de la cual precisaban para administrar este nuevo y vasto imperio: los turcos necesitaban de los griegos y, al mismo tiempo, había un resentimiento respecto a la cultura griega. Pero ésta, sin dudas, les influyó grandemente y también influyó a los sufíes de aquel momento. De una manera extraña, hubo una interacción, y el lugar en el cual sucedieron toda suerte de cosas extraordinarias fue Cesarea, como era llamada entonces, Kayseri en la actualidad. Cesarea fue una de las primeras ciudades en convertirse al cristianismo en la época de las misiones y es el sitio donde grandes santos como San Basilio, San Juan Crisóstomo y San Gregorio vivieron y estructuraron la liturgia de la iglesia cristiana.

   Antes de que llegara el cristianismo, Capadocia era un centro del culto de Anahita, la Diosa Madre quien, extrañamente, realizó ese mismo viaje desde Persia justo a través de Kars, siguiendo la ruta de las invasiones y arribando a Asia Menor. Con ella -es decir, con sus sacerdotes – llegó una gran cantidad de conocimiento, y parte de ese conocimiento, tal vez más de lo que la gente pueda apreciar fácilmente, ha sido utilizado para la conformación de la liturgia cristiana. Mucho pudiera decirse acerca del misterio de esta liturgia, que contiene tanto conocimiento, tantas cosas ocultas; pues esto impresionó grandemente a Gurdjieff quien deseaba comprender qué es lo que se preservaba, en bien de la humanidad, tras el ritual de la iglesia. Y por ello realizó viajes al mundo occidental. En aquel momento, existían aun monasterios en Capadocia. Permanecieron allí desde el siglo tercero, continuando durante el imperio bizantino y sobreviviendo a la conquista turca, hasta nuestra época. Durante dieciséis siglos existió en Capadocia una tradición monástica. Luego fue abruptamente interrumpida en el momento en el que toda la población fue expulsada, en 1925.

   Intento transmitirles lo que personalmente creo, es decir, que ha existido un mutuo enriquecimiento entre tradiciones mucho mayor de lo que usualmente suponemos. Esta parte del planeta fue una suerte de crisol en el cual se mezclaron tradiciones diferentes, y de ellas han surgido esas formas que ahora vemos como muy separadas – e incluso opuestas entre sí – de las tradiciones cristiana, islámica, asiria, zoroastriana, entre otras. Todo esto, como pueden comprender, tenía que dejar una honda impresión en un joven en busca de la respuesta a la pregunta: “Tiene sentido todo esto, hay lugar para todos estos aspectos de la experiencia humana o algunos han de ser aceptados y otros rechazados?”. Y también, la otra pregunta que acicateaba a Gurdjieff, “¿Cómo es que la humanidad, que ha recibido tanto de las enseñanzas tradicionales y las revelaciones de los últimos 4 o 5000 años, ha sido capaz de hacer un uso tan pobre de lo recibido y cómo es que permanece bajo el dominio de fuerzas que son tan ajenas al significado real de la propia vida?”.

   Pienso que estas búsquedas de Gurdjieff en Occidente le llevaron cada vez más lejos en esa dirección; primero, a Estambul, luego a Tierra Santa, a Egipto e incluso a Abisinia, donde volvió a encontrar un sitio donde existen contactos inusuales con tradiciones perdidas. No sé si llegó a adentrarse más al sur en Etiopía, pero lo que sí sé es que Etiopía fue muy importante para él porque, hasta el mismo final de su vida, hablaba de su gran amor por Etiopía. Una vez dijo que pensaba pasar el resto de sus días allí. Dijo que los dos lugares a los cuales se sentía ligado eran Asia Central, es decir Bokhara, y Etiopía. Si eso es así y si no nos estaba tomando el pelo – lo cual, desde luego, hacía con frecuencia – ello significaría que sus visitas a Etiopía formaron una parte muy importante de sus búsquedas. Luego, por supuesto, están sus búsquedas en Asia Central. Dado que están estrechamente ligadas con sus enseñanzas subsiguientes, hablaré de ellas la próxima semana. Hay pocas dudas de que fue en Asia Central donde se encontró con aquello de más específico e importante en lo que, posteriormente, llamaría su “Sistema”. Solo realizando una exhaustiva búsqueda en las tradiciones de Asia Central podemos confiar en responder la pregunta: es que todo lo que enseñó provenía de estas partes del planeta, o había algo específicamente suyo.

   En este punto, el señor Bennett mostró veinte fotografías de Kars, Ani, etc.

Preguntas

P: ¿Podría saber si la Diosa Madre, a quien se conoce como Anahita y que fuera adorada en esa área, es la misma que Lilith, que era tanto buena como mala?

  1. G. B. : No, no lo creo. Es la misma que Cibeles, que fuera traída a Roma. Lilith pertenecía a un tiempo mucho más antiguo. Lo importante, a mi juicio, es que existía una tradición continuada en esa parte de Capadocia.

P: ¿Gurdjieff fue recordado en su propio país y territorio?

  1. G. B. : No, no quedan, por lo que sé, cristianos en Kars, ni uno solo. Cuando hablé de él, nadie había escuchado su nombre, y cuando la gente supo que yo había hecho este viaje largo y arduo hasta esta ruinosa ciudad rural por respeto a la memoria de Gurdjieff, pensaron que estaba medio loco. Debo decir que busqué el lugar, al cual se refiere en sus escritos, donde su primer tutor, el Decano Borsh, fue sepultado, pero todo estaba tan destruido y desbaratado en 1918 y luego en 1920, que ya nada puede realmente ser rastreado. Pienso que Gurdjieff es conocido yendo un poco más hacia el oriente, que queda alguna memoria de él por la zona de Tabriz. Aquellos que pudieran haber sabido de Gurdjieff serían miembros de algunas de las sectas derviches de esos lugares, pero no tuve tiempo de contactarles. Esto no puede hacerse con premura. Más al oeste, cuando estuve en Estambul, sí encontré y conversé con dos o tres miembros de la Hermandad Derviche. Tenían muchos recuerdos de lo sucedido. Pero, en realidad, no era esto lo que buscaba.

P: ¿Por qué Encuentros con hombres notables fue publicado tanto tiempo después de su muerte?

  1. G. B. : Él murió el 29 de octubre de 1949, no hace aun catorce años. No estaba muy claro acerca de la publicación de su segunda serie, es decir Encuentros con hombres notables, pero tenía bien claro que quería que el primer libro, Beelzebub, se publicara. Decía que los Encuentros con hombres notables debía ser leído en voz alta, pero solo a aquellos que hubieran asimilado Beelzebub. Diré más acerca de ello la próxima semana, pero es un libro mucho más difícil de lo que las personas pueden advertir. Los que no han percibido aquello que él busca en ese libro y lo leen solo como una suerte de relato autobiográfico o como entretenidas aventuras, no pueden tener ninguna idea del propósito del libro. O, si esperan hallar en él algo de sus enseñanzas prácticas, también se equivocan pues no aspira a contener ese elemento. Lo que sí contiene es algo realmente muy importante y casi nadie lo ha comprendido. Es probable que no haya llegado el momento para esto. Lo maravilloso es que ahora está al alcance de todos.

P: Usted nos ha brindado detalles asombrosos acerca del contenido de Encuentros con hombres notables. ¿Puede decirnos algo más?

  1. G. B. : El próximo lunes les mostraré justamente cómo investigué una clave en particular y verán cuán improbable es que alguien no posea un conocimiento considerable, tanto de la manera de actuar de Gurdjieff, como también de este lado del planeta, haya visto cuál era la clave. Si logran verla, verán lo que conlleva ser capaz de descifrar el resto, pues en realidad Encuentros con hombres notables está escrito en una especie de cifrado, y uno tiene que saber cómo descifrarlo. ¿Uno puede pensar, para qué tomarse el trabajo? Eso depende de si uno desea o no llegar al fondo de la cuestión.

P: ¿Usted entiende las lenguas que se hablan en esa parte del planeta?

  1. G. B. : Sí, por eso es que voy allí. Me encontraría estancado si fuera más al este. Las lenguas hacen por completo la diferencia. Por toda Asia, se puede hablar turco; justo después del Mar Caspio, atravesando el Amu Daria hasta el Turquestán chino, pueden hablar algún dialecto del turco. Cuando era joven, si sabías turco, podías encontrar gente que te entendiera desde el Adriático hasta la muralla china. Cuando estuve viviendo por esos lugares en 1919-20, tenía como trabajo entrevistar a los peregrinos musulmanes que llegaban a través del Asia Central y me sorprendió mucho el que fuera posible hablar con gente como los sartos y los uzbekos. Podía hablar con ellos porque estos diferentes dialectos del turco son más parecidos entre sí que, digamos el inglés, el holandés y el alemán. Vale la pena mencionar que Gurdjieff, quien ciertamente podía hablar turco con facilidad, por una u otra razón, pretendía que la lengua que se habla aquí es el persa. Si cualquiera de ustedes ha leído la Introducción a Encuentros con hombres notables, él habla acerca de cuestiones filológicas, y dice que es muy extraño que en inglés se use una sola palabra para expresar “decir”, o algo así, mientras que en persa se usan dos palabras muy distintas, y habla de las palabras diyaram y soilyaram. Ese es, simplemente, un modo muy extraño de escribir dos palabras turcas totalmente correctas, tal como son usadas aquí en Kars, en el turco de su niñez. Pero, en el libro, lo llama persa. Si comprenden por qué Gurdjieff pretendería que aquello que es un turco totalmente correcto sea persa, comprenderán el modo en que él disfraza las cosas. No creo, por mi parte, que conociera tantas lenguas. Cuando escuché hablar de él por primera vez en 1919, se hablaba de él como un hombre que había viajado por todo el oriente y conocía muchas lenguas, mas no lo creo, pienso eso porque el turco te sirve en casi cualquier lugar. A fines del XIX se podía viajar por todo el Asia Central con el turco. Él no habría tenido que aprender ninguna otra lengua antes de aproximarse al Tibet, y entonces sí habría que empezar a aprender algo nuevo, y ciertamente se afanó en aprender el tibetano. Pero podría imaginar que probablemente solo sabía turco y había adquirido conocimientos de algunos dialectos turcos y también de tibetano. Pero eso es todo. Aunque eso te acompañará un largo trecho por estas partes.

Ahora debemos detenernos hasta la semana próxima cuando hablaré acerca de lo que Gurdjieff encontró realmente en sus viajes.

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair /  Alterar )

Foto do Google

Você está comentando utilizando sua conta Google. Sair /  Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair /  Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair /  Alterar )

Conectando a %s

Este site utiliza o Akismet para reduzir spam. Saiba como seus dados em comentários são processados.