Martí sobre Annie Besant & Helena Petrovna Blavatsky – Por José Martí

Annie Besant ha venido de Inglaterra, con su elocuencia ardiente y sus canas jóvenes, a mantener los dogmas teosóficos: el espíritu es una mina de hechos: hay que descubrir y clasificar los hechos del espíritu: hechos del espíritu, científicos como cualesquiera otros, son todos los del hipnotismo y el mesmerismo [Magnetismo Animal], los sueños y la clarividencia, el genio y el poder de transferir el pensamiento, todo lo que está en los libros de Sínnett y en “La Doctrina Secreta” de la gran sacerdotisa que se les acaba de morir, la rusa Blavatsky.

Al hombre se le ha de criar la divinidad que trae en sí: lo animal del hombre, que nos es lo más conocido de él, no triunfará al fin sobre lo divino del hombre, menos conocido: la mente puede entrar en lo espiritual más allá de lo que ha entrado. Otros caen en lo material y representable de estas doctrinas, que es por donde flaquean; en milagrejos que parecen cosa de prestidigitador; en poner cosa tan noble como el espíritu ambiente al ejercicio de duplicar las tazas de una mesa, o hacer sonar “las campanillas astrales”:

Annie Besant lo que quiere es que se piense con libertad, que el hombre conozca y fomente lo puro de si, que se vea el mundo como una vía de deberes purificadores, que se ame al hombre y se le sirva, que a la verdad se la quiera más que al padre y a la madre y a los hijos, que la vida del hombre se emplee en redimir la raza humana.

De impura han acusado a esta mujer incólume -porque al ver en este mundo la pobreza irremediable, abogó por los modos de traer menos animales humanos al mundo. De irreligiosa la han acusado -porque no quiso credos de odio y cartón, como el de su marido, sino religión de ciencia y piedad, que no contradiga la naturaleza que se ve, ni la afee con la desigualdad y la hipocresía y el egoísmo.

De mala esposa la han acusado -porque su esposo le dio a escoger entre comulgar sin fe, puesto que ella no creía en la comunión, o salir del hogar: y salió del hogar.

De perturbadora la han acusado,–porque bajó a los pobres, porque les predicó sus derechos, porque les visitó sus escuelas, porque curó a los huelguistas heridos, porque fundó la Liga de la Ley y de la Libertad, que daba defensa gratis a los presos sociales o políticos, porque era el más tenaz teniente del racionalista Bradlaugh. Y ella, en su determinación de pensar libremente, del credo áspero de la niñez pasó a un deísmo abierto; de éste al ateísmo franco, sin dios interventor, ni más divinidades que los órdenes fecundos de la naturaleza; y del ateísmo, que no era en ella más que la insurrección del juicio contra la divinidad pueril y carnavalesca, ha subido a estas teosofías de ahora, que buscan la ley del universo en los hechos del alma recónditos y ocultos.

Todo va acrisolándose por el ejercicio del bien, y convirtiéndose en esencia espiritual, presente aunque invisible. Todo es orden en las almas ya libres, cuya acción superior, e influjo directo, sienten confusamente en esta vida las almas irredentas. Edúquese lo superior del hombre, para que pueda, con ojos de más luz, entrar en el consuelo, adelantar en el misterio, explorar en la excelsitud del orbe espiritual.

A eso viene Annie Besant de Inglaterra: a echar sobre los corazones su palabra piadosa y encendida, a tantear de buena fe, con oratoria a la vez sensata y mística, por los caminos de la religión venidera.

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