Poemas – Por Hafez de Shiraz (Traducción de Idalia Morejón Arnaiz)

Los Poemas “Todo Pasa”, “Ressurección o La Muerte Del Poeta, Epitafio”, “El Campo Celeste, la Cosecha Mística”, “Aparición”, “Divino Refugio” fueron traducidos por Idalia Morejón Arnaiz.

Todo Pasa

El dulce soplo de la brisa
Esparcirá aún su musgo,
El viejo mundo, de nuevo,
Recobrará su juventud.
El árbol de Judea brindará
Su roja copa al jazmín,
Mientras que el ojo del narciso
Contemplará la anémona.
Después del largo dolor
Del exilio, el reuiseñor
Gritando se lanzará
Hacia la morada de la rosa.
Si he dejado la mesquita
Para acudir a la taberna,
Es porque la oración es larga y el tempo demasiado corto
No confieras al mañana,
Corazón mío, esta alegría:
¿Quién va a responder, después,
Por el valor de tu vida?
Amamos tanto la rosa:
Disfrutemos su presencia,
¡Pues abandona el jardín
Tan pronto como há llegado!
¡Trovador, para este baquete
De amigos, canta poemas!
¡Del passado no hables más,
Ni del momento futuro!
Por ti, Hafez há venido,
Al país de la existência:
Adelántate a decirle Adiós, pues ya se va a partir…!

Ressurección o La Muerte del Poeta – Epitafio

¿Es éste el llamado de tu voz?
pierdo la la vida y me levanto;
Como un pájaro santo, de las redes
de este mundo me levanto.
Si te dignas nombrarme
tu esclavo, lo juro,
Abandono todo poder
sobre el mundo, y me levanto.
De una nube de tu gracia,
oh Dios, dame la lluvia,
Antes que me haya convertido
en polvo y me levante.
Trae hasta mi tumba
vino y un trovador,
Para que bailando, de deseo,
de mi nicho me levante.
Levántate, estírate,
ídolo de líneas graciosas,
Y, con un gesto, renuncio
a la vida y me levanto.
Estoy viejo, mas, que una noche
me estreches en tus brazos
Y de tu lecho, en la mañana,
joven me levante.
Que en el día de mi muerte brindes
la breve gracia de una mirada
¡Y, como Hafez, abandone
esta vida y me levante!

El campo Celeste – La Cosecha Mística

Vi el campo verde del cielo,
la hoz de la luna:
Pensé en mis sembrados,
y el tiempo de la cosecha.
Dije a la Suerte: “tu sueño
dejó salir el sol…”
“De tu pasado, a pesar de todo”,
dijo, “¡no ten angusties!”
Si te vas, puro y desnudo,
como al cielo va el Mesías,
De lu lámpara cien rayos
subirán hasta el sol.
Cuídate de tu estrella,
pues, con impostura,
Robó a Kavus su corona
y a Khosro su cinturón.
El anillo de oro y rubí
hará pesada tu oreja,
Pero la belleza sólo tiene un tiempo:
¡eschuca bien este consejo!
Y, del grano de tu belleza,
¡que el mal ojo de se aleje!
Pues ella tiene en jaque
a la luna y al sol.
Que no presuma el cielo
de su grandeza, porque en el amor,
La luna entera es un grano,
dos la espiga de las Pléyades.
Al fuego de la hipocresía,
la cosecha de la fe
Arderá. ¡Hafez, abandona tu sayal y ve!

Aparición

Despeinado, sudada la frente, sonriente, y ebrio,
camisa abiera, poema en boca y jarra en mano,

mirada desafiante y labio irónico,
ayer, a medianoche, vino a verme y, al sentarse,

inclinado sobre mí, preguntó, con voz triste:
“¿duermes, oh tú que me amas después de tanto tiempo…?”

Amante al cual, de noche, se le brinda el vino:
¡que se embriague! ¡o, que en el amor, sea pagano!

Ve, devoto, y no culpes a los borrachos:
¡beber es su destino, y contra él nada pueden!

En cuanto a mí, bebí todo lo que Él vertió en mi copa,
ya fuera vino del Paraíso o de taberna…

¡De cuánto sufrimiento, a Hafez y a otros muchos liberaron
la Belleza, y sus bucles, la Copa, y su sonrisa!

Divino Refugio

A este umbral, sin pedir vana gloria o importancia,
hemos venido.
Para buscar un refugio contra el destino y sus golpes,
hemos venido.
Viajeros somos en la etapa del amor;
De los límites de la nada, al país de la existencia,
hemos venido.
Vimos tu franja verde: jardines del Paraíso,
Quisimos buscar esta hierba de amor, luego
hemos venido.
¿Dónde pues, navío salvador, está anclada tu clemencia?
En el océano del perdón, mas sumidos en el pecado,
hemos venido.
Parte el honor. ¡Estalla, oh nube que nuestras faltas disimula!
Pues, con el libro negro, ante el Soberano Juez,
hemos venido.
Abandona, Hafez, tu falso manto de lana:
Con ardientes suspiros, tras la caravana,
hemos venido.

LA COPA DE CRISTAL

Florece la rosa, y el ruiseñor se embriaga.
Acudid, sufíes que adoráis el vino.

La base del arrepentimiento como piedra es firme.
Asombraos: la copa de cristal la ha destruido.

En la corte de la opulencia, lo mismo sea el rey,
que el alguacil, que el ebrio… ¡Trae vino!

De este caravasar8 con dos puertas hay que partir:
techo y tejado de la vida, alto o bajo es lo mismo.

Morada y rapto de gozo sin sufrir no se alcanzan,
si el primer día el sufriente estrecha vínculos.

Tengas o no, no sufras y sé alegre, pensamiento,
la no existencia es el final de cuanta perfección ha sido.

La gloria de Asef,9 el caballo de viento10 y entender a los pájaros…
todo lo llevó el viento, y quedó el señor desnudo en el vacío.

Pues la flecha lanzada se elevó un rato y volvió a la tierra,
con ala y pluma no te desvíes tú del camino.

La lengua de tu pluma, Hafez, ¿cómo puede dar gracias,
si va pasando de mano en mano el don de tus palabras?

LOS FIELES DEL CORAZÓN

Cuando oigas la palabra de los fieles del corazón, no digas que es un error.
Tú no eres un entendido en la palabra, éste es el error.

Mi cabeza no se inclina ante este mundo ni el otro.
¡Dios sea loado por las rebeliones de nuestra cabeza!

No sé quién habita en el interior de mi corazón cansado,
apagado estoy yo, pero él, en gritos y alborotado.

Mi corazón se ha salido de tono, ¿dónde estás, juglar?
Gime, que en este tono prospera nuestro afán.

Por las cosas de este mundo nunca tuve inclinación.
Tu rostro lo embelleció ante mis ojos.

Por la ilusión que alimento no he dormido.
Tengo la sed de cien noches, ¿dónde está la casa del vino?

Ya que ha enturbiado el cenobio, de mi corazón, la sangre.
Estaréis en lo cierto si me laváis con vino.

Por esta causa me quieren los magos del convento:
aquel fuego nunca se extingue en mi corazón.

¿Qué instrumento tocaba el juglar en aquel tono,
que la mente todavía está llena de su eco?

Anoche la llamada de tu amor resonó dentro de mí.
El ámbito de tu pecho, Hafez, está lleno de sonido.

EL PALACIO DEL DESEO

El palacio del deseo tiene cimientos muy frágiles, ven,
trae vino, que están en el aire los cimientos de la vida.

Esclavo soy del virtuoso que, bajo este índigo círculo,
exento está de albergar los colores del apego.

Un consejo te doy, aprende y aplícalo,
pues este dicho recuerdo de mi maestro:

«No esperes que tan frágil mundo cumpla con su compromiso.
Es el novio de mil novias ese anciano.»

Anoche, hallándome en la taberna, ebrio y desastrado,
¿sabes qué nueva me dio el ángel del misterio?

«¡Oh, tú, de alta mirada, halcón real que habitas en el árbol del séptimo cielo,
tu morada no es este rincón de sufrimiento!,

desde la alta torre del trono, te están llamando.
¿Qué te sucede? ¿Tan hondo has caído en esca trampa?»

No acojas la tristeza del mundo y no olvides mi consejo,
pues uno que está en la vía esta máxima me dijo:

«Confórmate con lo que tienes, desata el nudo de tu ceño,
no está abierta para ti ni para mí la puerta de la elección.»

De fidelidad y de compromiso, en la sonrisa de la flor no hay indicios.
¡Emite una queja, ruiseñor sin corazón, que este es el lugar del grito!

¿Por qué, pues, envidias a Hafez, mal rimador?
El gustar y la gracia del verbo son un don de Dios.

TU SOMBRA DE CIPRÉS

Sucumbieron tus cabellos en manos de la brisa,
de dolor se ha partido en dos mi loco corazón.

Tu ojo hechicero a la negrura del alba es semejante,
¡mas ay!, esta copia, ¡cómo ha languidecido!

¿Sabes qué es aquel punto negro que tu bucle enlaza?
El punto es de tinta, caído en el círculo del yim.

En el paraíso de tu cara, tus negros rizos perfumados
son como un pavo real en el jardín de la gracia.

Sumido en el deseo de tu rostro, oh Bienamado, mi corazón
es la tierra que la mano del viento arroja en el camino.

Este terrenal cuerpo elevarse no podrá como polvo
ni alejarse de tu alcance, pues ha caído muy grave.

Tu sombra de ciprés en mi forma, oh tú, el de hálito de Cristo, r
eflejo es del espíritu que en los pútridos huesos ha caído.

El que sólo en la Caba tenía su morada, recordando tus labios,
veo que en el umbral de la taberna se ha afincado.

Hafez por ti de pena se extravía, oh buen amigo:
es un pacto eterno en época remota concluido.

LA VIRTUD DE LOS DERVICHES

El supremo paraíso es el retiro de los derviches.
El crisol de la grandeza es servir a los derviches.

De la clausura el tesoro tiene extraños talismanes,
su clave es la generosa mirada de los derviches.

El palacio del paraíso cuya puerta Ridván guarda
es una imagen tan sólo del prado virginal de los derviches.

Aquello por cuya luz el corazón negro se torna oro
es la alquimia que se gesta en la voz de los derviches.

Aquello ante lo cual pone el sol su corona de arrogancia
es la grandeza que habita la corte de los derviches.

El reino no resguardado del miedo cuando amenaza la pena
escucha sinceramente: el reino es de los derviches.

Los reyes son la alquibla de las súplicas de todos,
la causa es la servidumbre al trono de los derviches.

El rostro deseado que orando buscan los reyes
tiene su:más claro ejemplo en el espejo del rostro de los derviches.

De una punta a otra abarca, de tiranía, el ejército,
pero del principio al fin es la hora de los derviches.

¡Ey, poderoso!, no ostentes tanta arrogancia, que
tu cabeza y tu oro están a la sombra del acuerdo de los derviches.

Oh corazón, apártate con cortesía: la realeza del amor
se debe a la servidumbre de los derviches.

Si por Su ira el tesoro de Coré se sigue hundiendo,
habrás leído que esto se debe también al celo de los derviches.

Oh Hafez, si quieres agua de vida eterna,
su fuente es la tierra del solitario umbral de los derviches.

Soy esclavo de los ojos de Asef, el actual visir,
que tiene el rostro señorial y la virtud de los derviches.

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