Martí y la Teosofía & Martí en la Conferencia Monetaria Internacional

“Tal día como hoy, 28 de enero de 1853, nació en La Habana (Cuba), José Martí, gran Poeta, Filósofo, Periodista, Político, Teósofo y Masón, conocido como el “Poeta de la Belleza”, pues sus poemas resaltan la importancia que tiene la belleza, sobre todo la belleza espiritual, en la vida de los seres humanos, llegando a calificarla como “un dulcísimo poder”.”

“Conoció la Teosofía de Blavatsky, y esta enseñanza lo marcó profundamente, tal cual hizo con muchos intelectuales y artistas la primera mitad del siglo xx, cuando el movimiento teosófico vivió una época de esplendor. Escribió profusamente sobre el conocimiento teosófico, y sus enseñanzas se vislumbran en cada uno de sus versos, que hablan sobre grandes cuestiones existenciales como la verdad, el amor, la belleza, la libertad o la paz. Sobre la teósofa Annie Besant escribió un interesante artículo, del cual compartimos un extracto:”

“𝐀𝐧𝐧𝐢𝐞 𝐁𝐞𝐬𝐚𝐧𝐭 𝐡𝐚 𝐯𝐞𝐧𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐈𝐧𝐠𝐥𝐚𝐭𝐞𝐫𝐫𝐚, 𝐜𝐨𝐧 𝐬𝐮 𝐞𝐥𝐨𝐜𝐮𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚𝐫𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐲 𝐬𝐮𝐬 𝐜𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐣ó𝐯𝐞𝐧𝐞𝐬, 𝐚 𝐬𝐨𝐬𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐲 𝐝𝐢𝐟𝐮𝐧𝐝𝐢𝐫 𝐥𝐚 𝐞𝐧𝐬𝐞ñ𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐭𝐞𝐨𝐬ó𝐟𝐢𝐜𝐚 (…), 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭á 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐒í𝐧𝐧𝐞𝐭𝐭 𝐲 𝐞𝐧 “𝐋𝐚 𝐃𝐨𝐜𝐭𝐫𝐢𝐧𝐚 𝐒𝐞𝐜𝐫𝐞𝐭𝐚” 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐧 𝐬𝐚𝐜𝐞𝐫𝐝𝐨𝐭𝐢𝐬𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐥𝐞𝐬 𝐚𝐜𝐚𝐛𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐫, 𝐥𝐚 𝐫𝐮𝐬𝐚 𝐁𝐥𝐚𝐯𝐚𝐭𝐬𝐤𝐲. 𝐀𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐬𝐞 𝐥𝐞 𝐡𝐚 𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐯𝐞𝐥𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐝𝐢𝐯𝐢𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐫𝐚𝐞 𝐞𝐧 𝐬í: 𝐥𝐨 𝐚𝐧𝐢𝐦𝐚𝐥 𝐝𝐞𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞, 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐬 𝐥𝐨 𝐦á𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐝𝐨 𝐝𝐞 é𝐥, 𝐧𝐨 𝐭𝐫𝐢𝐮𝐧𝐟𝐚𝐫á 𝐚𝐥 𝐟𝐢𝐧 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐢𝐯𝐢𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞, 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐝𝐨. L𝐚 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐥𝐨 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥 𝐦á𝐬 𝐚𝐥𝐥á 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐝𝐨. 𝐎𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐥𝐨 𝐦𝐚𝐭𝐞𝐫𝐢𝐚𝐥 𝐲 𝐫𝐞𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐨𝐜𝐭𝐫𝐢𝐧𝐚𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐟𝐥𝐚𝐪𝐮𝐞𝐚𝐧; 𝐞𝐧 𝐦𝐢𝐥𝐚𝐠𝐫𝐞𝐣𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐭𝐢𝐝𝐢𝐠𝐢𝐭𝐚𝐝𝐨𝐫; 𝐞𝐧 𝐞𝐦𝐩𝐥𝐞𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐬a 𝐭𝐚𝐧 𝐧𝐨𝐛𝐥𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐥 𝐞𝐬𝐩í𝐫𝐢𝐭𝐮 𝐚𝐥 𝐞𝐣𝐞𝐫𝐜𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐝𝐮𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐭𝐚𝐳𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐬𝐚, 𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐬𝐨𝐧𝐚𝐫 “𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐚𝐧𝐢𝐥𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐬𝐭𝐫𝐚𝐥𝐞𝐬”. 𝐀𝐧𝐧𝐢𝐞 𝐁𝐞𝐬𝐚𝐧𝐭 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐩𝐢𝐞𝐧𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝, 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐳𝐜𝐚 𝐲 𝐟𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐩𝐮𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐬í 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨, 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐯𝐞𝐚 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐯í𝐚 𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐩𝐮𝐫𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬. Q𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐚𝐦𝐞 𝐚𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐲 𝐬𝐞 𝐥𝐞 𝐬𝐢𝐫𝐯𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝 𝐬𝐞 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐦á𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐥 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐲 𝐚 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐲 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐬𝐞 𝐞𝐦𝐩𝐥𝐞𝐞 𝐞𝐧 𝐫𝐞𝐝𝐢𝐦𝐢𝐫 𝐥𝐚 𝐫𝐚𝐳𝐚 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐚. (…)

𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐯𝐚 𝐚𝐜𝐫𝐢𝐬𝐨𝐥𝐚́𝐧𝐝𝐨𝐬𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐞𝐣𝐞𝐫𝐜𝐢𝐜𝐢𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐲 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐢𝐫𝐭𝐢𝐞́𝐧𝐝𝐨𝐬𝐞 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥, 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛l𝐞. 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬 𝐨𝐫𝐝𝐞𝐧 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐥𝐦𝐚𝐬 𝐲𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐞𝐬, 𝐜𝐮𝐲𝐚 𝐚𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫, 𝐞 𝐢𝐧𝐟𝐥𝐮𝐣𝐨 𝐝𝐢𝐫𝐞𝐜𝐭𝐨, 𝐬𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐮𝐬𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐥𝐦𝐚𝐬 𝐢𝐫𝐫𝐞𝐝𝐞𝐧𝐭𝐚𝐬. 𝐄𝐝𝐮́𝐪𝐮𝐞𝐬𝐞 𝐥𝐨 𝐬𝐮𝐩𝐞𝐫𝐢𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐚, 𝐜𝐨𝐧 𝐨𝐣𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐦𝐚́𝐬 𝐥𝐮𝐳, 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐮𝐞𝐥𝐨, 𝐚𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨, 𝐞𝐱𝐩𝐥𝐨𝐫𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐞𝐱𝐜𝐞𝐥𝐬𝐢𝐭𝐮𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐨𝐫𝐛𝐞 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥.

𝐀 𝐞𝐬𝐨 𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐀𝐧𝐧𝐢𝐞 𝐁𝐞𝐬𝐚𝐧𝐭 𝐝𝐞 𝐈𝐧𝐠𝐥𝐚𝐭𝐞𝐫𝐫𝐚: 𝐚 𝐞𝐜𝐡𝐚𝐫 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐬𝐮 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐩𝐢𝐚𝐝𝐨𝐬𝐚 𝐲 𝐞𝐧𝐜𝐞𝐧𝐝𝐢𝐝𝐚, 𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐛𝐮𝐞𝐧𝐚 𝐟e, 𝐜𝐨𝐧 𝐨𝐫𝐚𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐚𝐭𝐚 𝐲 𝐦𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚, 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐥𝐢𝐠𝐢𝐨́𝐧 𝐯𝐞𝐧𝐢𝐝𝐞𝐫𝐚”

𝘑𝘰𝘴é 𝘔𝘢𝘳𝘵í. (𝘖𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘊𝘰𝘮𝘱𝘭𝘦𝘵𝘢𝘴, 𝘛𝘰𝘮𝘰 𝟷𝟸 𝘗á𝘨𝘴. 𝟻𝟶𝟹-𝟻𝟶𝟺).

“𝐋𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐛𝐚𝐧𝐝𝐞𝐫𝐚 𝐚 𝐜𝐮𝐲𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐯𝐞𝐧𝐜𝐞𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐯𝐨𝐫𝐚𝐧 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐛𝐫𝐮𝐦𝐚𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐬𝐮 𝐢𝐧𝐜𝐚𝐧𝐬𝐚𝐛𝐥𝐞 𝐫𝐞𝐧𝐜𝐨𝐫. 𝐋𝐚 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐥𝐨𝐜𝐚 𝐫𝐨𝐛𝐮𝐬𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐞𝐥 𝐦𝐚́𝐬 𝐝𝐮𝐥𝐜𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞𝐬, 𝐄𝐋 𝐀𝐌𝐎𝐑, 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐥𝐚 𝐦𝐚́𝐬 𝐫𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐚𝐝𝐫𝐞𝐬, 𝐋𝐀 𝐏𝐀𝐙”.

MARTÍ EN LA CONFERENCIA MONETARIA INTERNACIONAL

Publicado el 6 de Junio de 2016 por Ramón Guerra Díaz

Perdonen mis lectores que tenga que extenderme un poquito, el tema lo amerita, se trata de hacer un breve acercamiento a la participación de José Martí en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington, su modo objetivo y claro de desmontar las intenciones expansionistas y hegemónica de los Estados Unidos sobre sus vecinos del sur, intenciones que con el tiempo no han hecho más que ganar vigencia en un cíclico volver a lo mismo que tiene en los días que corren una nueva ronda apoyada por el neoliberalismo egoísta de las clases privilegiadas del continente:

El 24 de mayo de 1888 el presidente de los Estados Unidos envió una invitación del Senado y la Cámara de Representantes de ese país a los pueblos de América, llamando a una conferencia internacional en Washington, para estudiar, entre otras cosas, la adopción por cada uno de los gobiernos de una moneda común de plata, que fuera de uso forzoso en las transacciones comerciales recíprocas de los ciudadanos de todos los estados de América.

El 7 de abril de 1890, la Conferencia Internacional Americana recomienda establecer una unión monetaria internacional que como base de esta unión se acuñasen una o más monedas internacionales, uniformes en peso y ley, que pudiesen usarse en todos los países representados en esta conferencia.

El 30 de marzo de 1891 un joven que ha ido conquistando afectos y respetos en la colonia hispanoamericana de Estados Unidos y que en Nueva York ya casi todos le llaman el Maestro, presenta un informe en la Conferencia Monetaria Internacional de Washington. Ese joven a quien las repúblicas de Argentina, Uruguay y Paraguay le han hecho su cónsul general en Nueva York, habla en representación de Uruguay y es el cubano José Martí.

El discurso inaugural del cónclave internacional fue pronunciado por el representante de los Estados Unidos, el Secretario de Estado James G. Blaine, y fue, según palabras de José Martí, “el planteamiento desembozado de la era del predominio de los Estados Unidos sobre los pueblos de América”.

Desde el mismo momento de la convocatoria de la Conferencia Monetaria Internacional José Martí advierte a las naciones hispanoamericanas del peligro que representaba la desigual unión con los Estados Unidos.

En la carta que el Maestro dirigiera al director del periódico La Nación, de Buenos Aires, y que fuera divulgada en las páginas de esta misma publicación el 19 de diciembre de 1889, Martí se refiere a las antiguas pretensiones estadounidenses de dominio sobre nuestras tierras de América:

“…Desde la cuna soñó en estos dominios el pueblo del Norte, con el “nada sería más conveniente” de Jefferson; con “los trece gobiernos destinados” de Adams; con “la visión profética” de Clay; con “la gran luz del Norte” de Webster; con “el fin es cierto, y el comercio tributario” de Summer; con el verso de Sewall, que va de boca en boca, “vuestro es el continente entero y sin límites”; con “la unificación continental” de Everett; con “la unión comercial” de Douglas; con “el resultado inevitable” de Ingalls, “hasta el istmo y el polo”; con “la necesidad de extirpar en Cuba”, de Blaine, “el foco de la fiebre amarilla…”

Y alerta a la América Latina sobre el peligro inminente de que esas viejas aspiraciones puedan concretarse en ese momento:

“… Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.”

Del mismo modo, convoca a las repúblicas de América, de la América española, a la unidad y la firmeza frente a las pretensiones de la potencia del Norte:

“…Sólo una respuesta unánime y viril, para la que todavía hay tiempo sin riesgo, puede libertar de una vez a los pueblos españoles de América de la inquietud y perturbación, fatales en su hora de desarrollo, en que les tendría sin cesar, con la complicidad posible de las repúblicas venales o débiles, la política secular y confesa de predominio de un vecino pujante y ambicioso, que no los ha querido fomentar jamás, ni se ha dirigido a ellos sino para impedir su extensión, como en Panamá, o apoderarse de su territorio, como en México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Cuba, o para cortar por la intimidación sus tratos con el resto del universo, como en Colombia, o para obligarlos, como ahora, a comprar lo que no puede vender, y confederarse para su dominio.”

Por encargo y en representación de la Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, presenta a la conferencia un informe brillantísimo, primero en castellano y después en inglés, recomendando el bimetalismo y recordando de paso que no es “el oficio del continente americano restablecer con otro método y nombre el sistema imperial por donde se corrompen y mueren las repúblicas”.

Martí rechaza las opiniones de la delegación de los Estados Unidos, que aspiraba a la creación de una moneda internacional de plata. Él deseaba la creación de un sistema de monedas uniformes, que harían más morales y seguras las relaciones económicas de los pueblos. Hace una caracterización de los EE.UU. y del peligro que representaba para América las intenciones de ese país.

Llamaba Martí a que imperara tanto en el comercio como en la política, la paz igual y culta y que todo cambio de moneda debía hacerse en acuerdo con los países implicados.

Un aspecto muy importante sobre el que llamó la atención fue la unidad económica, al decir “quien dice unión económica dice unión política” y “el pueblo que compra manda”.

Según José Martí, los pueblos de América únicamente lograrán alzarse sobre los Estados Unidos si oponen su inteligencia y talento sobre el poderío norteño: “Para eso es el genio: para vencer la fuerza con la habilidad.”

El símbolo de la continuidad, la escarapela de Céspedes obsequiada a Martí por Fernando Figueredo y que le acompañó en su muerte en Dos Ríos. Nota del autor.

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