(Poemas) “Se busca un traductor”, “Todo el mundo hace performances a su modo” – Por Maria Cristina Fernández

Se busca un traductor





La carretera es ahora mismo un cine

que te muestra una pantalla estática

y luego, más naranjales.

En una de las vallas hay un feto

como entrevisto desde un útero trasparente.

“Preborn babies feel pain”.

Es un cartel anti-aborto, diríase también“pro-life”.

Casi conmueve.

La siguiente valla te deja saber cuándo y dónde 

es el próximo Gun Show.

Con su “Buy, Sell, Trade”,

es insidiosamente lo peor de América.

De una valla a otra

hay la misma distancia que de la tierra a la luna. 

¿Notará alguien más el tremendo sinsentido 

en esta proximidad lejana?

Si vamos a reconocer que un feto sufre

por no completer el ciclo de crecer y nacer,

¿cómo consentir que nuestros hijos vayan a la guerra

cuando apenas han dejado de ser niños?

¿Y qué tal todos los que mueren a manos de las armas

vendidas, compradas, canjeadas sin control?

La próxima valla quisiera diseñarla yo.

Pondría esa imagen que me mandó una amiga

de unas mujeres rusas que levantan carteles 

que escuetamente dicen: “No parimos carne”.

Repetiría este anuncio en vallas sucesivas:

No parimos cane

No parimos carne

No parimos carne.

Debo traducir la frase al inglés de la Florida,

debo comprarme un montón de vallas vírgenes,

pero antes que nada 

exprimiré naranjas en los ojos de los ciegos

a ver si con ello les devuelvo el milagro de la visión.

Todo el mundo hace performances a su modo





El patriarca Kirill bendice los ejércitos

que enfilan a los campos de exterminio.

El presidente, quien da las órdenes de cuándo y dónde matar,

recibe la eucaristía de las manos del santo varón ungido.

Maria Alyokhina, disfrazada de repartidora de comida,

logra al fin escaparse a algún lugar seguro.

Alyokhina, madre soltera, lleva años marcada como enemigo público,

desde que cantara junto a otras en aquella catedral

algo que patriarca y presidente reprobaron.

Ha encarado al poder y el poder no perdona.

La iglesia sí perdona, pero solo al poder,

hermandad sagrada mientras dure.

Maria Alyokhina, la mujer de la baclavaca, piensa,

mientras se acomoda en un país extranjero,

en cómo todo está contaminado,

desde el aire hasta el silbido,

el abedul, la manzana, las cúpulas doradas,

los asientos del tren, las aldabas de las puertas,

todo está manchado de una extraña materia,

coágulos, materia fecal y pensamientos grumosos

que ninguna lluvia puede ya lavar.

Si algo la contenta es que tal vez muy pronto,

la vida le concederá la gracia de cantar junto a Byork.

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